LENIN

      ¿Qué hacer?

      Problemas candentes de nuestro movimiento

      V. "Plan" de un periódico político central para toda Rusia


        b. ¿Puede un periódico ser organización colectiva?

      La clave del artículo ¿Por dónde empezar? está en que hace precisamente esta pregunta y en que da una respuesta afirmativa. L. Nadiezhdin es, que sepamos, la única persona que intenta estudiar esta cuestión a fondo y demostrar la necesidad de darle respuesta negativa. A continuación reproducimos íntegramente sus argumentos:

      "…Mucho nos place que plantee Iskra (núm. 4) la necesidad de un periódico central para toda Rusia, pero en modo alguno podemos convenir en que este planteamiento corresponde al título del artículo ¿Por dónde empezar? Es, sin duda, uno de los asuntos de suma importancia, pero no se pueden colocar los cimientos de una organización combativa para un momento revolucionario ni con esa labor, ni con toda una serie de hojas populares, ni con una montaña de proclamas. Es indispensable empezar a formar fuertes organizaciones políticas locales. Nosotros carecemos de ellas, nuestra labor se ha desarrollado principalmente entre los obreros cultos, mientras que las masas desplegaron de modo casi exclusivo una lucha económica. Si no se educan fuertes organizaciones políticas locales, ¿qué valor podría tener un periódico central para toda Rusia, aunque esté excelentemente organizado? ¡Una llama de fuego que sale de en medio de una zarza, y la zarza está ardiendo y no se consume! Iskra cree que el pueblos e reunirá y organizará en torno a ese periódico, en el trabajo para él. ¡Pero si le es mucho más fácil reunirse y organizarse en torno a una labor más concreta! Esta labor puede y debe consistir en organizar periódicos locales a vasta escasa, en prepara inmediatamente las fuerzas obreras para manifestaciones, en hacer que las organizaciones locales trabajen constantemente entre los parados (difundiendo de un modo persistente entre ellos hojas volantes y octavillas, convocándolos a reuniones, llamándolos a oponer resistencia al gobierno, etc.) ¡Hay que iniciar una labor política activa en el plano local, y cuando surja la necesidad de unificarse en este terreno real, la unión no será artificiosa, no quedará sobre el papel, porque no es por medio de periódicos como se conseguirá esta unificación del trabajo local en una obra común para toda Rusa!" (En vísperas de la revolución, pág. 54).

      Hemos subrayado en este elocuente trozo los pasajes que permiten apreciar con mayor relieve tanto el juicio equivocado del autor sobre nuestro plan como, en general, su erróneo punto de vista, que él opone a Iskra. Si no se educan fuertes organizaciones políticas locales, de nada valdrá el mejor periódico central para toda Rusia. Completamente justo. Pero se trata precisamente de que no existe otro medio de educar fuertes organizaciones políticas de un periódico central para toda Rusia. Al autor se le ha escapado la declaración más importante que Iskra hizo antes de pasar a exponer su "plan": la declaración de que era necesario "exhortar a formar una organización revolucionaria capaz e unir a todas las fuerzas y de dirigir el movimiento no sólo nominalmente sino en realidad, es decir, capaz de estar siempre dispuesta a apoyar toda protesta y toda explosión, aprovechándolas para multiplicar y reforzar los efectivos que han de utilizarse en el combate decisivo". Después de febrero y marzo, todos están ahora en principio de acuerdo con eso –continúa Iskra-; pero lo que necesitamos es resolver el problema de una manera práctica, y no en principio; lo que necesitamos es trazar inmediatamente un plan concreto de esta obra para que todos puedan ahora mismo emprender la construcción desde todas partes. ¡Y he aquí que, de la solución práctica del problema, nos empujan una vez más hacia atrás, hacia una verdad justa en principio, incontestable, grande, pero de todo punto insuficiente, incomprensible por completo para las grandes masas trabajadoras: hacia la "educación de fuertes organizaciones políticas"! pero ¡si no se trata ya de eso, respetable autor, sino de cómo precisamente hay que educar, y educar con éxito!

      No es verdad que "nuestra labor se ha desarrollado principalmente entre los obreros cultos, mientras que las masas desplegaban de modo casi exclusivo una lucha económica". Bajo esta forma, la tesis se desvía hacia la tendencia, habitual en Svoboda y errónea de raíz de oponer los obreros cultos a la "masa". Pues también los obreros cultos de nuestro país han desplegado en estos últimos años "de modo casi exclusivo una lucha económica. Esto, por una parte. Por otra, tampoco las masas aprenderán jamás a desplegar la lucha política mientras no ayudemos a formarse a los dirigentes de esta lucha, procedentes tanto de los obreros cultos como de los intelectuales; y estos dirigentes pueden formarse exclusivamente enjuiciando de modo sistemático y cotidiano todos los aspectos de nuestra vida política, todas las tentativas de protesta y de lucha de las distintas clases y por diversos motivos. ¡Por eso es simplemente ridículo hablar de "educar organizaciones políticas" y, al mismo tiempo, oponer la "labor sobre el papel" de un periódico político a la "labor política activa en el plano local"! ¡Pero si Iskra adapta precisamente su "plan" de un periódico central al "plan" de crear una "disposición para el combate" que pueda apoyar tanto un movimiento de obreros parados o un alzamiento campesino como el descontento de la gente de los zemstvos, "la indignación de la población contra los ensorberbecidos bachibozuks zaristas", etc.! Por lo demás, toda persona familiarizada con el movimiento sabe perfectamente que la inmensa mayoría de las organizaciones locales ni siquiera piensa en ello; que muchas de las perspectivas aquí esbozadas de "una labor política viva" no las ha puesto en práctica ni una sola vez ninguna organización; que, por ejemplo, la tentativa de llamar la atención sobre el recrudecimiento del descontento y de las protestas entre los intelectuales de los zemstvos lleva el desconcierto y la perplejidad tanto a Nadiezhdin ("¡Dios mío!, ¿pero será ese órgano para los intelectuales de los zemstvos?", En vísperas, pág. 129), como a los "economistas" (véase la carta en el número 12 de Iskra), como a muchos militantes dedicados al trabajo práctico. En tales condiciones se puede "empezar" únicamente por hacer pensar a la gente en todo esto, por hacerla resumir y sintetizar todos y cada uno de los indicios de efervescencia y de lucha activa. En los momentos actuales de subestimación de la importancia de las tareas socialdemócratas, la "labor política activa" puede iniciarse exclusivamente por una agitación política viva, cosa imposible sin un periódico central para toda Rusia que aparezca con frecuencia y que se difunda con regularidad.

      Los que consideran el "plan" de Iskra una manifestación de "literaturismo" no han comprendido en absoluto el fondo del plan, tomando como fin lo que se propone como medio más adecuado para el momento actual. Esta gente no se ha molestado en meditar sobre dos comparaciones que ilustran palmariamente el plan propuesto. La organización de un periódico político central para toda Rusia –se decía en Iskra- debe ser el hilo fundamental al que podríamos asirnos para desarrollar, ahondar y ampliar incesantemente esta organización (es decir, la organización revolucionaria, siempre dispuesta a apoyar toda protesta y toda explosión). Hagan ustedes el favor de decirnos: cuando unos albañiles colocan en diferentes sitios las piedras de una obra grandiosa y sin precedentes, ¿es una labor "sobre el papel" tender el cordel que les ayuda a encontrar el lugar preciso para las piedras, que les indica la meta final de la obra común, que les permite colocar no sólo cada piedra, sino cada trozo de piedra, el cual, al sumarse a los precedentes y a los que sigan, formará la hilada recta y completa? ¿No vivimos acaso un momento de esta índole en nuestra vida de partido, cuando tenemos piedras y albañiles, pero nos falta precisamente el cordel, visible para todos y en el cual todos puedan atenerse? No importa que griten que, al tender el cordel, lo que pretendemos es mandar: si fuera así, señores, pondríamos Rabóchaya Gazeta, núm. 3, en lugar de Iskra, núm. 1, como nos lo habían propuesto algunos camaradas y como tendríamos pleno derecho a hacer después de los acontecimientos que hemos referido más arriba. Pero no lo hemos hecho: queríamos tener al manos sueltas para desarrollar una lucha inconciliable contra toda clase de seudosocialdmeócratas; queríamos que nuestro cordel, si está bien derecho, sea respetado por su rectitud y no porque lo haya tendido un órgano oficial.

      "La unificación de las actividades locales en órganos centrales se mueve en un círculo vicioso –nos alecciona L.Nadiezhdin–. La unificación requiere homogeneidad de elementos, y esta homogeneidad no puede ser creada más que por algún aglutinante, pero este aglutinante sólo puede aparecer como producto de fuertes organizaciones locales que, en el momento actual, en modo alguno se distinguen por su homogeneidad". Verdad ésta tan respetable y tan incontestable como la de que es necesario educar fuertes organizaciones políticas. Y no menos estéril. Cualquier problema "se mueve en un círculo vicioso", pues toda la vida política es una cadena infinita compuesta de un sinfín de eslabones. Todo el arte de un político estriba justamente en encontrar y aferrarse con nervio al preciso eslaboncito que menos pueda ser arrancado de las manos, que sea el más importante en un momento determinado y mejor garantice a quien lo sujete la posesión de toda cadena*. Si tuviéramos un destacamento de albañiles expertos que trabajasen de un modo tan acorde que aun si el cordel pudieran colocar las piedras precisamente donde hace falta (hablando en abstracto, esto no es imposible, ni mucho menos), entonces quizás podríamos aferrarnos también a otro eslaboncito. Pero la desgracia consiste justamente en que aún carecemos de albañiles expertos que trabajen tan bien concertados, en que las piedras se colocan muy a menudo al azar, sin guiarse por el cordel común, de manera tan desordenada que el enemigo las dispersa de un soplo como si fuesen granos de arena y no piedras.


      * ¡Camarada Krichevski! ¡Camarada Martínov! Llamo la atención de ustedes sobre esta manifestación escandalosa de "absolutismo", de "autoridad sin control", de "reglamentación soberana", etc. Fíjense: ¡quiere poseer toda la cadena! Apresúrense a presentar querella. Ya tienen tema para dos artículos de fondo en el número 12 de Rabócheie Dielo.
      Texto


      Otra comparación: "El periódico no es sólo un propagandista colectivo y un agitador colectivo, sino también un organizador colectivo. En ese último sentido se le puede comparar con los andamios que se levantan alrededor de un edificio en construcción, que señalan sus contornos, facilitan las relaciones entre los distintos albañiles, les ayudan a distribuirse la tarea y a observar los resultados generales alcanzados por el trabajo organizado"*. ¿Verdad que esto se parece mucho a la manera como el literato, hombre de gabinete, exagera la importancia de su función? El andamiaje no es imprescindible para la vivienda misma: se hace de materiales de peor calidad, se levanta pro un breve período, y luego, una vez terminado el edificio, aunque sólo sea en bruto, va a parar a la estufa. En cuanto a la edificación de organizaciones revolucionarias, la experiencia demuestra que a veces se pueden construir sin andamios (recuérdese la década del 70). Pero ahora no podemos ni imaginarnos la posibilidad de levantar sin andamiaje el edificio que necesitamos.


      * Al insertar en Rabócheie Dielo la primera frase de esta cita (núm. 10, pág. 62), Martínov ha omitido precisamente la segunda frase, como subrayando así que no quiere meterse en honduras o que es incapaz de comprender el fondo de la cuestión.
      Texto


      Nadiezhdin no está de acuerdo y dice: "Iskra cree que el pueblo se reunirá y organizará en torno a ese periódico en el trabajo para él. ¡Pero si le es mucho más fácil reunirse y organizarse en torno a una labor más concreta!" Así, así: "más fácil reunirse y organizarse en torno a una labor más concreta"… Dice el refrán: "Agua que no has de beber, déjala correr". Pero hay gentes que no sienten reparo en beber agua en la que ya se ha escupido. ¡Qué de infamias no habrán dicho nuestros excelentes "críticos" legales "del marxismo" y admiradores ilegales de Rabóchaya Mysl en nombre de este mayor concretamiento! ¡Hasta qué punto coartan todo nuestro movimiento nuestra estrechez de miras, nuestra falta de iniciativa y nuestra timidez, que se justifican con los argumentos tradicionales de que "¡es mucho más fácil… en torno a una labor más concreta¡" ¡Y Nadiezhdin, que se considera dotado de un sentido especial de la "vida", que condena con singular severidad a los hombres de "gabinete", que imputa (con pretensiones de agudeza) a Iskra la debilidad de ver en todas partes "economismo", que se imagina estar a cien codos por encima de esta división en ortodoxos y críticos, no se da cuenta de que, con sus argumentos, favorece la estrechez de miras que le indigna y bebe precisamente el agua llena de escupitajos! No basta, no, la indignación más sincera contra la estrechez de miras, ni el deseo más ardiente de hacer levantar a las gentes que se prosternan ante esta estrechez si el que se indigna va a merced de las olas y del viento y si se aferra con tanta "espontaneidad" como los revolucionarios de la década del 70 al "terror excitante", al "terror agrario", al "toque a rebato", etc. Vean en qué consiste ese "algo más concreto" en torno al que – cree él – será "mucho más fácil" reunirse y organizarse: 1) periódicos locales; 2) preparación de manifestaciones; 3) trabajo entre los obreros parados. A simple vista se advierte que todo eso ha sido entresacado totalmente al azar, por casualidad, pro decir algo, porque, comoquiera que se mire, será un perfecto desatino ver en ello algo de especial utilidad para "reunir y organizar". Y el mismo Naidezhdin dice unas páginas más adelante: "Ya va siendo hora de hacer constar sencillamente un hecho: en el plano local se realiza una labor pequeña en grado sumo, los comités no hacen ni la décima parte de lo que podrían… los centros de unificación que tenemos ahora son una ficción, son burocracia revolucionaria, sus miembros se dedican a ascenderse mutuamente a generales, y así seguirán las cosas mientras no se desarrollen fuertes organizaciones locales". No cabe duda de que estas palabras encierran, al mismo tiempo que exageraciones, muchas y amargas verdades. ¿Será posible que Nadiezhdin no vea el nexo existente entre la pequeña labor realizada en el plano local y el estrecho horizonte de los dirigentes locales, la escasa amplitud de sus actividades, cosas inevitables, dada la poca preparación de los mismos, puesto que se encierran en los marcos de las organizaciones locales? ¿Será posible que Nadiezhdin haya olvidado, lo mismo que le autor del artículo sobre organización publicado en Svoboda, que el paso a una amplia prensa local (desde 1898) fue acompañado de una intensificación especial del "economismo" y del "primitivismo en el trabajo"? Además, aunque se pudiera organizar de manera más o menos satisfactoria "una abundante prensa local" (ya hemos demostrado más arriba que es imposible, salvo en casos muy excepcionales), ni siquiera en ese caso podrían tampoco los órganos locales "reunir organizar" todas las fuerzas de los revolucionarios para una ofensiva general contra la autocracia, para dirigir la lucha aunada. No se olvide que aquí sólo se trata del alcance "colectivo", organizador, del periódico, y podríamos hacer a Nadiezhdin, defensor del fraccionamiento, la misma pregunta irónica que él hace: "¿No habremos heredado de alguna parte 200.000 organizadores revolucionarios?" Prosigamos. No se puede contraponer la "preparación de manifestaciones" al plan de Iskra por la sencilla razón de que este plan dice justamente que las manifestaciones más extensas son uno de sus fines; pero de lo que se trata es de elegir el medio práctico. Nadiezhdin se ha vuelto a embrollar al perder de vista que sólo puede "preparar" manifestaciones (que hasta ahora han sido espontáneas pro completo en la inmensa mayoría de los casos) un ejército ya "reunido y organizado", y lo que nosotros no sabemos precisamente es reunir y organizar. "Trabajo entre los obreros parados". Siempre la misma confusión, ya que esto es también una de las operaciones bélicas de unos efectivos movilizados y no un plan para movilizar dichos efectivos. El caso siguiente demuestra hasta qué punto subestima Nadiezhdin, también en este sentido, el daño que produce nuestro fraccionamiento, la falta de los "200.000 organizadores". Muchos (Nadiezhdin entre ellos) han reprochado a Iskra la parquedad de noticias sobre el paro forzoso y la accidentalidad de las crónicas sobre los fenómenos más habituales de la vida rural. El reproche es merecido, pero Iskra aparece como culpable sin tener culpa alguna. Nosotros tratamos de "tender un cordelito" también pro la aldea, pero en el campo no hay casi albañiles y se ha de alentar por fuerza a todo el que comunique aun el hecho más habitual, abrigando la esperanza de que esto multiplique el número de colaboradores en este terreno y nos enseñe a todos a elegir, por fin, los hechos que resaltan de verdad. Pero es tan escaso el mensaje que, sin o lo sintetizamos a escala nacional, no hay absolutamente nada con que aprender. No cabe duda de que un hombre que tenga, aunque sea aproximadamente, las aptitudes de agitador y el conocimiento de la vida de los vagabundos que observamos en Nadiezhdin podría prestar al movimiento servicios inestimables, haciendo agitación entre los obreros parados; pero preocupara de dar a conocer a todos los camaradas rusos cada paso de su actuación, para que sirva de enseñanza y ejemplo a quienes, en su inmensa mayoría, aún no saben emprender esta nueva labor.

      De la importancia de unificar y de la necesidad de "reunir y organizar" habla ahora todo el mundo sin excepción, pero en la mayoría de los casos no se tiene la menor idea concreta de por dónde empezar y cómo llevar a cabo esa unificación. Todos convendrán, por seguro, en que si "unificamos", por ejemplo, los círculos aislados de barrio de una ciudad, harán falta para ello organismos de barrio de una ciudad, harán falta para ello organismos comunes, es decir, no sólo la denominación común de "unión", sino una labor realmente común, un intercambio de publicaciones de experiencia, de fuerzas y distribución de funciones, no ya sólo por barrios, sino por oficios de todos los trabajos urbanos. Todo el mundo convendrá en que un sólido mecanismo conspirativo no cubrirá sus gastos (si es que puede emplearse una expresión comercial) con los "recursos" (se sobreentiende que tanto materiales como personales) de un barrio; que en este reducido campo de acción no pueda explayarse el talento de un especialista. Pero lo mismo puede afirmarse de la unión de distintas ciudades, porque incluso el campo de acción de una comarca aislada resulta, y ha resultado ya en la historia de nuestro movimiento socialdemócrata, de una estrechez insuficiente: lo hemos demostrado cumplidamente antes con el ejemplo de la agitación política y de la labor de organización. Es de imperiosa e impostergable necesidad ampliar ante todo este campo de acción, crear un nexo real entre las ciudades respaldado en una labor regular y común, porque el fraccionamiento deprime a la gente que "está en el hoyo" (expresión del autor de una carta dirigida a Iskra) sin saber lo que pasa en el mundo, de quién aprender, cómo conseguir experiencia y de qué manera satisfacer su deseo de una actividad amplia. Y yo continúo insistiendo en que este nexo real sólo puede empezar a establecerse con un periódico central que sea, para toda Rusia, la única empresa regular que haga el balance de toda la actividad en sus aspectos más variados, impulsando con ello a la gente a seguir infatigablemente hacia delante, por todos los numerosos caminos llevan a la revolución, lo mismo que todos los caminos llevan a Roma. Si deseamos la unificación no sólo de palabra es necesario que cada círculo local dedique inmediatamente, por ejemplo, una cuarta parte de sus fuerzas a un trabajo activo para la obra común. Y el periódico le muestra enseguida* los contornos generales, las proporciones y el carácter de la obra; le muestra qué lagunas son las que más se dejan sentir en toda la actividad general de Rusia; dónde no hay agitación, dónde son débiles los vínculos, qué ruedecitas del inmenso mecanismo general podría un círculo determinado arreglar o sustituir por otras mejores. Un círculo que aún no haya trabajado y que sólo busque trabajo podría empezar ya, no con los métodos primitivos del artesano en su pequeño taller aislado, que no conoce ni el desarrollo de la "industria" anterior a él ni el estado general de los métodos vigentes de producción industrial, sino como colaborador de una vasta empresa que refleja todo el empuje revolucionario general contra la autocracia. Y cuanto más perfecta sea la preparación de cada ruedecita, cuanto mayor cantidad de trabajadores sueltos participen en la obra común tanto más tupida será nuestra red y tanta menos confusión provocarán en las filas comunes inevitables descalabros.


      * Con una salvedad: siempre que simpatice con la orientación de este periódico y considere útil a la causa ser su colaborador, entendiendo por ello no solamente la colaboración literaria, sino toda la colaboración revolucionaria en general. Nota para "Rabócheie Dielo": esta salvedad se sobrentiende para los revolucionarios que aprecian el trabajo y no el juego a la democracia, que no hacen distinción entre ser "simpatizante" y participar de la manera más activa y real.
      Texto


      El vínculo efectivo empezaría ya a establecerlo la mera difusión del periódico (si es que éste merecería realmente el nombre del periódico, es decir, si apareciese regularmente y no una vez al mes, como las revistas voluminosas, sino unas cuatro veces). Hoy día son muy raras las relaciones entre las ciudades en cuanto a los asuntos revolucionarios, en todo caso son una excepción; entonces, estas relaciones se convertirían en regla, y, naturalmente, no sólo asegurarían la difusión del periódico, sino también (lo que revista mayor importancia) el intercambio de experiencia, informaciones, fuerzas y recursos. La labor de organización alcanzaría en el acto una amplitud mucho mayor, y el éxito de una localidad alentaría constantemente a seguir perfeccionándose, a aprovechar la experiencia ya adquirida por un camarada que actúa en otro confín del país. El trabajo local sería mucho más rico y variado que ahora; las denuncias de los manejos políticos y económicos que se recogiesen por toda Rusia servirían para la nutrición intelectual de los obreros de todas las profesiones y de todos los grados de desarrollo, suministrarían datos y darían motivos para charlas y lecturas sobre los problemas más distintos, planteados, además, por las alusiones de la prensa legal, pro lo que se dice en sociedad y por los "tímidos" comunicados del gobierno. Cada explosión, cada manifestación se enjuiciaría y discutiría en todos sus aspectos y en todos los confines de Rusia, despertando el deseo de no quedar a la zaga, de hacer las cosas mejor que nadie (¡nosotros, los socialistas, no desechamos en absoluto toda emulación, toda "competencia" en general!), de preparar conscientemente lo que la primera vez se hizo en cierto modo de manera espontánea, de aprovechar las condiciones favorables de una localidad determinada o de un momento determinado para modificar el plan de ataque, etc. Al mismo tiempo, esta reanimación de la labor local no acarrearía la desesperada tensión "agónica" de todas las fuerzas, ni la movilización de todos los hombres, como sucede a menudo ahora, cuando hay que organizar una manifestación o publicar un número de un periódico local: por una parte, la policía tropezaría con dificultades mucho mayores para llegar hasta la "raíz", ya que no se sabría en qué localidad había que buscarla; por otra, una labor regular y común enseñaría a los hombres a concordar, en cada caso concreto, la fuerza de un ataque con el estado de fuerzas de tal o cual destacamento del ejército común (ahora casi nadie piensa en parte alguna en esa coordinación, pues los ataques son espontáneos en sus nueve décimas partes), y facilitaría el "transporte" no sólo de las publicaciones, sino también de las fuerzas revolucionarias.

      Ahora, en la mayor parte de los casos estas fuerzas se desangran en la estrecha labor local; en cambio, entonces habría posibilidad y constantes ocasiones para trasladar a un agitador u organizador más o menos capaz de un extremo a otro del país. Comenzando por un pequeño viaje para resolver asuntos del partido y a expensas del mismo, los militantes se acostumbrarían a vivir enteramente a costa del partido, a hacerse revolucionarios profesionales, a formarse como verdaderos guías políticos.

      Y si realmente lográsemos que todos o una gran mayoría de los comités, grupos y círculos locales emprendiesen activamente la labor común, en un futuro no lejano estaríamos en condiciones de publicar un semanario que se difundiese regularmente en decenas de millares de ejemplares por toda Rusia. Este periódico sería una partícula de un enorme fuelle de fragua que avivase cada chispa de la lucha de clases y de la indignación del pueblo, convirtiéndola en un gran incendio. En torno a esta labor, de por sí muy anodina y muy pequeña aún, pero regular y común en el pleno sentido de la palabra, se concentraría sistemáticamente y se instruiría el ejército permanente de luchadores probados. No tardaríamos en ver subir por los andamios de este edificio común de organización y destacarse de entre nuestros revolucionarios a los Zheliábov socialdemócratas; de entre nuestros obreros, a los Bebel rusos, que se pondrían a la cabeza del ejército movilizado y levantarían a todo el pueblo para acabar con la ignominia y la maldición de Rusia.

      ¡En esto es en lo que hay que soñar!

      "¡Hay que soñar!" He escrito estas palabras y me he asustado. Me he imaginado sentado en el "Congreso de unificación" frente a los redactores y colaboradores de Rabócheie Dielo. Y he aquí que se pone en pie el camarada Martínov y se encara a mí con tono amenazador: "Permítame que les pregunte: ¿tiene aún la redacción autónoma derecho a soñar sin consultar antes a los comités del partido?" Tras él se yergue el camarada Krichevski (profundizando filosóficamente al camarada Martínov, quien hace mucho tiempo había profundizado ya al camarada Pejánov) y prosigue en tono más amenazador aún: "Yo voy más lejos, si no olvida que, según Marx, la humanidad siempre se plantea tareas realizables, que la táctica es un proceso de crecimiento de las tareas, las cuales crecen con el partido".

      Sólo de pensar en estas preguntas amenazadoras me dan escalofríos y miro dónde podría esconderme. Intentaré hacerlo tras Písarev.

      "Hay disparidades y disparidades –escribía Písarev a propósito de la existente entre los sueños y la realidad -. Mis sueños pueden adelantarse al curso natural de los acontecimientos o bien desviarse hacia donde el curso natural de los acontecimientos no pueden llegar jamás. En el primer caso, los sueños no producen ningún daño, incluso pueden sostener y reforzar las energías del trabajador… En sueños de esta índole no hay nada que deforme o paralice la fuerza de trabajo. Todo lo contrario. Si el hombre estuviese privado pro completo de la capacidad de soñar así, si no pudiese adelantarse alguna que otra vez y contemplar con su imaginación el cuadro enteramente acabado de la obra que empieza a perfilarse por su mano, no podría figurarme de ningún modo qué móviles lo obligarían a emprender y llevar a cabo vastas y penosas empresas en el terreno de las artes, de las ciencias y de la vida práctica… La disparidad entre los sueños y la realidad no produce daño alguno, siempre que el soñador crea seriamente en un sueño, se fije atentamente en la vida, compare sus observaciones con sus castillos en el aire y, en general, trabaje a conciencia por que se cumplan sus fantasías. Cuando existe algún contacto entre los sueños y la vida, todo va bien" (91).

      Pues bien, los sueños de esta naturaleza, por desgracia, son rarísimos en nuestro movimiento. Y la culpa la tienen, sobre todo, los representantes de la crítica legal y del "seguidismo" ilegal que presumen de su sensatez, de sus "proximidad" a lo "concreto".

      c. ¿Qué tipo de organización necesitamos?

      a la página principal